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PLAY-DOC RESCATA DEL OLVIDO AL CINEASTA CUBANO GUILLÉN LANDRIÁN

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El realizador, galardonado en festivales extranjeros como Cracovia o la Seminci de Valladolid, fue prohibido y encarcelado en su propio país
Play-Doc recupera su singular, poética e irónica mirada a través de un ciclo con seis películas; las únicas que han sobrevivido a la censura
Tui, 15 de febrero de 2013. La próxima edición de Play-Doc Festival Internacional de Documentales de Tui (13-17 de marzo) descubre una figura perdida del documental cubano: Nicolás Guillén Landrián (1938-2003). Realizador de 18 películas, hoy perdidas en su mayoría; Play-Doc recupera, por primera vez en España, los seis títulos que han sobrevivido al ostracismo.

Durante muchos años, Guillén Landrián fue director de cortometrajes en el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos). La mayoría de sus trabajos eran encargos propagandísticos, que el realizador sabía llevar a su terreno. Éste fluía por vertientes surrealistas y poéticas, conjugadas con un apego honesto y próximo por lo real, que lo convierten en uno de los mejores retratistas de la Cuba de los años sesenta.

Hasta no hace mucho, las pocas monografías de cine cubano que lo mencionaban, lo hacían como ayudante de Santiago Álvarez, considerado el mejor documentalista del país en la tradición canónica. Si bien es cierto que ejerció labores de montador para Álvarez, aprendió en el proceso también de Joris Ivens y Theodor Christensen; sus verdaderos tutores, según sus propias palabras. Del primero, definido por el histórico programador de la Nouvelle Vague Henri Langlois, como “el más grande de los montadores y el más grande documentalista vivo”; aprendió Guillén Landrián a mirar a lo esencial, a la realidad inmediata, el ser humano y su entorno. La influencia del trabajo más conocido de Ivens, Lluvia, se deja notar en En un barrio viejo (1963), retrato de la Habana Vieja en la posguerra, que muestra lo que el régimen castrista, muy a menudo, dejó fuera de campo. Su sagacidad le valió una mención de honor en el festival de Cracovia, inaugurando su carrera con el peso del prestigio internacional.

De Theodor Christensen, más que de una manera de rodar, se contagió de su espíritu aventurero. Tras En un barrio viejo, Guillén Landrián decidió trasladarse al extremo más oriental de la isla, para buscar su retrato de Cuba fuera de La Habana. El resultado de su expedición es la llamada trilogía del subdesarrollo: Ociel de Toa (1965), Reportaje (1965) y Retornar a Baracoa (1966). La primera triunfó en la Seminci, obteniendo la Espiga de Oro ex-aequo con Ingmar Bergman, lo que provocó un descalabro inversamente proporcional para el autor en la propia Cuba. Las otras dos entregas fueron inmediatamente censuradas, y condenadas al archivo fílmico, hasta recuperarse décadas más tarde. La mirada nada complaciente del director hacia los problemas del campesinado o la infancia en estas películas le hizo dar con sus huesos en la cárcel.

Villa Marista, sede de la Seguridad del Estado cubana, lo recibió en un frío calabozo; enviándolo más tarde, durante dos años, a una granja donde ejerció trabajos forzados. En esta situación, desarrolló una esquizofrenia, por lo que tuvieron que internarlo en un Psiquiátrico y fue sometido a electrochoque. Recuperado y habiendo cumplido su condena, volvió a su puesto en el ICAIC. Allí va a realizar su obra maestra: Coffea Arábiga (1968). El documental (un encargo) intentaba dar lecciones de la plantación, recogida y tratamiento del grano a los ciudadanos; para generar riqueza a través de esta actividad económica. Venganza inteligente del realizador hacia el régimen, en ella superpone el tema prohibido de los Beatles The Fool on the Hill (El tonto de la colina) a imágenes de Fidel Castro sobre una tribuna, dando un discurso. Ejemplo de su evolución posmoderna del lenguaje, la película se lee como una metáfora de Cuba a modo de enorme plantación.

Completa el ciclo Los del baile (1965). Una vez más, censurado por mostrar una imagen no deseada de La Habana nocturna. Como su título indica, ce centra en uno de los temas predilectos del director, la danza, en una ciudad que vive para ella.
Información más extensa en:
Nicolás Guillén Landrián: muerte y resurrección
Obscure Objects of Desire, by Chris Fujiwara